Para demostrar que nadie quiere perder, la tensión subió al máximo en la última tarde de Calle 7. El equipo amarillo atacó con todo a Araceli. La acusaron de meterse en su carril para molestar y de fingir que le dolía la mano para disimular una trampa en el juego.
A la par de esta pelea, el equipo rojo tuvo otro cruce fuerte al quejarse por las decisiones del juez en la prueba de la ratonera. La confusión con el orden para mover los elementos desató el enojo de los participantes, quienes protestaron en vivo porque sintieron que las reglas no se explicaron bien.
Este doble choque deja en claro que el programa está en su momento más caliente, sostenido hoy por tres puntos clave: la viveza de los competidores para sacar ventaja, la presión de un reglamento estricto que no perdona errores y los nervios que hacen saltar las estrategias de cada color.
Estas polémicas encienden las alarmas en los equipos y suben la rivalidad a lo más alto, un escenario que promete peleas cabeza a cabeza y demuestra que en Calle 7 nadie va a regalar nada.