Los celos excesivos son una de las principales señales de alerta. Aunque suelen confundirse con muestras de amor, en realidad reflejan una necesidad de controlar la vida, las decisiones y la autonomía de la pareja.
Otra conducta frecuente es el aislamiento de la víctima, alejándola de familiares y amistades. Esta estrategia busca dejarla sin una red de apoyo, facilitando el control del agresor.
Los expertos también alertan sobre empujones, “pinchazos” o golpes leves seguidos de disculpas. Estas acciones pueden ser el inicio de una escalada de violencia que, si no se detiene, podría derivar en agresiones más graves.