Tras ser expulsado del Congreso, Javier “Chaqueñito” Vera admitió que los audios filtrados son reales, aunque sugirió que fueron editados. Justificó el uso del término “mitã’i” (jovencito) como un trato habitual hacia sus amigos y hasta con su secretario de 40 años, buscando desmentir que las grabaciones se refirieran a menores de edad.
Vera negó rotundamente las acusaciones de pedofilia y afirmó que las conversaciones fueron una “broma” de mal gusto. El exsenador expresó que busca recuperar su teléfono para identificar al interlocutor y demostrar su inocencia, pidiendo disculpas a la ciudadanía por haber sido tan “confianzudo” al realizar ese tipo de comentarios.
Sin fueros parlamentarios, se mostró dispuesto a entregar sus dispositivos a la Fiscalía para que sean peritados. Actualmente, Vera enfrenta una deuda de 130 millones de guaraníes con la caja parlamentaria y anunció que, tras devolver un departamento de vivienda social que solicitó por error, volverá a trabajar como influencer y en el rubro gastronómico.