Lejos de cumplir su función de resguardo vial, el sitio es señalado como una “cueva de delincuentes”, donde personas armadas o con adicciones exigen dinero o perpetran asaltos, especialmente en horarios de alta circulación.
La situación plantea un dilema extremo para los peatones: utilizar la pasarela y exponerse a robos o agresiones, o intentar cruzar la avenida sorteando vehículos a alta velocidad. Este escenario ya tuvo consecuencias fatales, como la reciente muerte de una joven de 18 años, quien fue atropellada al intentar cruzar la calzada ante el temor de utilizar el puente.
Los testimonios coinciden en que las escaleras y zonas intermedias del paso elevado son los puntos más inseguros, principalmente durante la tarde y la noche, cuando aumenta el flujo de estudiantes. A esto se suma el estado de abandono de la estructura, con acumulación de basura, falta de iluminación y sectores que facilitan el ocultamiento de delincuentes.
Vecinos y miembros de la comunidad educativa denuncian que la problemática no es nueva y que persiste desde hace casi 30 años sin respuestas concretas. La falta de intervención sostenida ha consolidado el lugar como una zona liberada para hechos delictivos.
En este contexto, crece el reclamo hacia las autoridades ante la incertidumbre sobre quién debe hacerse cargo de la situación, ya sea la Municipalidad de San Lorenzo, el Ministerio de Obras Públicas o la Policía Nacional. Los ciudadanos exigen medidas urgentes, como mayor presencia policial, mejoras en iluminación y limpieza integral del sitio, para recuperar la seguridad en un punto clave de circulación diaria.