Tras varios días de intensa búsqueda, este jueves fue hallado sin vida Alexander, un niño de 11 años con trastorno del espectro autista (TEA), en el arroyo Ñeembucú, a unos 200 metros del puente de acceso a la ciudad de Pilar. El cuerpo fue encontrado por pescadores en la zona donde había sido visto por última vez.
El menor había desaparecido el domingo pasado luego de separarse de su madre, lo que motivó la activación del protocolo de búsqueda inmediata LEYFE, aplicado por primera vez en la región. En el operativo participaron la Policía Nacional, buzos de la Marina, el Ministerio Público y voluntarios de la comunidad.
Según el médico forense , el avanzado estado de descomposición impide determinar la causa exacta de la muerte, por lo que el cuerpo será trasladado a Asunción para una autopsia. De manera preliminar, se presume que el fallecimiento se produjo por ahogamiento el mismo día de la desaparición.
El caso generó conmoción y debate social, luego de que la fiscalía anunciara que no se descarta investigar a los padres por presunta falta del deber de cuidado, una posibilidad cuestionada por organizaciones sociales y de apoyo a personas con TEA. Estas señalan la falta de asistencia estatal y recursos adecuados para familias que conviven con niños con autismo severo.
Asimismo, se sospecha que la hipersensibilidad auditiva del niño pudo haberse visto afectada por fuegos artificiales utilizados durante las celebraciones de Año Nuevo, lo que habría desencadenado su huida. El hecho reabre el llamado a una mayor empatía social y a políticas públicas efectivas para la protección de personas con autismo.