El incidente, que según los pobladores fue un acto de negligencia intencional por parte de la abuela a cargo, motivó el traslado urgente de la víctima a un centro asistencial debido a la complejidad de sus heridas.
Los residentes de la zona intervinieron tras escuchar los gritos del menor y se encontraron con un escenario desgarrador que involucra versiones contrapuestas sobre el origen de las lesiones.
Mientras la abuela, sostiene que se trató de un accidente doméstico mientras cocinaba arroz, el padrastro del niño habría confesado inicialmente a los vecinos que la mujer volcó la olla de forma deliberada.
La gravedad de las quemaduras obliga ahora al pequeño a someterse a procedimientos médicos especializados para su recuperación.
La indignación de la comunidad radica en que la vivienda es señalada como un foco de inseguridad y consumo de sustancias. Según las denuncias recolectadas, el sitio funciona como un “aguantadero” donde se consumen drogas y alcohol de forma diaria, situación que expondría a la víctima y a otro menor de cuatro años a un estado de vulnerabilidad extrema.
Vecinos subrayan que no es el primer episodio de descuido y exigen que el Ministerio Público y la Defensoría de la Niñez actúen de oficio para retirar a los menores de ese entorno.