Villalba explicó que, desde un punto de vista lógico, un centro penitenciario es el escenario menos propicio para un ataque de esta índole, debido al estricto control audiovisual y a la presencia de cámaras de seguridad que harían imposible mantener la impunidad del agresor por más de unas horas o días.
Asimismo, señaló de forma particular que si alguien hubiese tenido intenciones reales de acabar con la vida de Hugo Javier, el escenario idóneo habría sido la vía pública cuando este vendía chipa, y no un recinto de máxima seguridad colmado de sistemas de vigilancia.
Aclaró además que no se ha reunido con senadores, ministros ni directores penitenciarios para abordar el tema, y que tampoco ha solicitado la comparecencia o declaración del compañero de celda de su defendido.
El defensor tomó esta determinación de no involucrarse directamente para evitar influir o incentivar un cambio de versión en los testimonios, permitiendo que las autoridades correspondientes lleven adelante una investigación transparente y autónoma que esclarezca objetivamente la verdad de lo ocurrido.