Los enfrentamientos involucraron a integrantes de la hinchada organizada y efectivos de la Policía Nacional. La situación rápidamente se salió de control y obligó a detener el encuentro, mientras los disturbios se extendieron incluso a las inmediaciones del estadio.
El saldo preliminar reporta al menos 10 agentes policiales heridos —incluyendo cascos azules— y unos 15 aficionados lesionados. Varias de las víctimas fueron trasladadas al hospital de Barrio Obrero con impactos de balines de goma, así como cuadros de descompensación por inhalación de gas lacrimógeno, afectando especialmente a personas con problemas respiratorios.
Testigos calificaron lo ocurrido como una “vergüenza total” y señalaron que el dispositivo de seguridad fue ampliamente superado. También cuestionaron la violencia de los involucrados, describiendo escenas de caos y desesperación. Un socio del club relató que lo que debía ser una tarde familiar terminó en el hospital, mientras otro afectado aseguró haber sufrido cerca de 20 heridas durante los disturbios.
El episodio empañó por completo la jornada deportiva, dejando en evidencia serias fallas en el operativo de seguridad y generando temor entre familias y socios que asistieron al estadio.