La eliminación de la competencia pegó fuerte en el ánimo de la gladiadora. Pese al duro trago amargo, Guada C7 dejó en claro de entrada que un tropiezo puntual no borra su trayectoria en la pista: “No me define esto. Soy la campeona actual. Un error fue lo que me sacó de estas instancias finales. Lastimosamente, hay que saber perder para poder saborear más otra vez cuando ganas”.
Sin buscar excusas, la competidora asumió la responsabilidad de su fallo en plena prueba. Explicó que mientras llevaba la ventaja, en lugar de regular el ritmo y mantener la distancia, la desesperación por sacar más luz la llevó a cometer equivocaciones fatales. “Me da impotencia porque perdí por un error y no por rendimiento; me gustaría más perder por rendimiento que por estos errores”, reconoció con amargura.
Lo que más terminó golpeando a la atleta fue la cantidad de sacrificios dejados de lado durante la preparación, sacrificando tiempo con su familia y rutinas personales por el sueño del título. Para colmo, la eliminación le impidió cumplir una promesa que le cala hondo: “Le hice una promesa a Sara C7 de salir campeona con el toque amarillo para dedicarle este campeonato”.
A pesar del trágico desenlace, Guada C7 eligió encarar la derrota con la madurez que la caracteriza. Tomando el tropiezo como un aprendizaje para volver más fuerte que nunca, la gladiadora demostró que mantiene el temple intacto de cara a los futuros desafíos que le depare la arena.