Para demostrar que la solidaridad no tiene fronteras, el pueblo venezolano se aferra a la fe y al apoyo internacional tras el doble sismo que golpeó al país. A más de tres semanas de la catástrofe, las tareas de rescate y reconstrucción no paran, y los campos de deportes se han transformado en verdaderos hogares temporales para miles de damnificados que se quedaron sin techo.
En La Guaira, una de las zonas más castigadas por el desastre, el principal centro de asistencia alberga actualmente a unas 407 familias, sumando más de 1.100 personas, entre las que se encuentran 311 niños. En este espacio, voluntarios nacionales e internacionales no solo garantizan alimento y techo, sino que también brindan contención psicológica fundamental para sobrellevar el trauma postragedia, permitiendo incluso que las familias permanezcan junto a sus mascotas sobrevivientes.
El coordinador del campamento, Daniel López, destacó el incansable esfuerzo de las brigadas de solidaridad y aprovechó la oportunidad para enviar un emotivo mensaje de gratitud hacia nuestro país: “Muchísimas gracias al pueblo paraguayo que desde el momento uno llegó acá a dar ese granito de amor que ha sido sustancialmente importante”. Más allá del dolor y las pérdidas materiales, el reporte desde el lugar de los hechos refleja a una comunidad resiliente que, a pesar de todo, elige sonreír y mirar al futuro con esperanza.