El uso de inyectables para la pérdida de peso ha ganado terreno como una alternativa rápida para reducir medidas. Sin embargo, profesionales de la salud aclaran que no se trata de una solución sencilla ni exenta de riesgos, subrayando la necesidad de adoptar hábitos responsables durante el tratamiento.
“No es un caramelito, es un tratamiento”, afirmó la licenciada Johana de Stefano, quien señaló que, si bien representan un avance en la medicina metabólica, su uso irresponsable puede generar complicaciones severas. Entre los efectos colaterales más graves se encuentran la sarcopenia (pérdida acelerada de masa muscular) y la reducción de la densidad ósea, lo que eleva el riesgo de sufrir osteopenia o fracturas. Asimismo, se reportan síntomas frecuentes como estreñimiento, mareos, dolores de cabeza y caída del cabello.
Para mitigar estos impactos, la especialista enfatizó las siguientes pautas clave:
Priorizar la proteína y suplementación: Debido a que el fármaco ralentiza el vaciamiento gástrico y genera saciedad prolongada, se reduce la ingesta de comida. Es crucial consumir proteínas de alta calidad (carnes y huevos) y apelar a suplementos si el nutricionista lo indica.
Cuidar la fibra y la hidratación: La falta de espacio estomacal suele llevar a omitir verduras y agua, lo que desencadena o empeora el estreñimiento.
Atención a los anticonceptivos: De Stefano advirtió que estos medicamentos pueden alterar la absorción de anticonceptivos orales y aumentar la fertilidad, incrementando la posibilidad de embarazos no planificados.
Evaluar contraindicaciones: El tratamiento está desaconsejado en personas con antecedentes de cáncer medular de tiroides, afecciones en la vesícula o cálculos renales, y requiere estricta supervisión médica en adolescentes.
Finalmente, la profesional remarcó que las inyecciones deben considerarse un soporte temporal dentro de un plan integral, pues sin un cambio real en el estilo de vida se corre el riesgo de sufrir un rebote al suspender la medicación.