Durante el inicio de su intervención, el mandatario justificó su viaje (realizado a pesar de la interrupción de las relaciones diplomáticas bilaterales) aclarando que no acudió para respaldar a ningún régimen dictatorial o gobieno irregular, respuesta formulada ante los diversos cuestionamientos recibidos.
En el marco de su discurso, Peña expresó su profunda preocupación por la situación en el Golfo Pérsico y formuló un ferviente llamado al cese inmediato de los ataques en la región. El jefe de Estado enfatizó la urgencia de garantizar la plena apertura y libre navegación en pasajes estratégicos, advirtiendo que las interrupciones en estos puntos afectan directamente la seguridad alimentaria y energética de las poblaciones más vulnerable.
Asimismo, el gobernante alertó sobre las crecientes tensiones en el Indo-Pacífico, con particular énfasis en la situación del estrecho de Taiwán. Al respecto, sostuvo que los acontecimientos en dicha área no representan un mero asunto regional, sino una problemática latente que impacta a Japón, a toda Asia oriental y suroriental, y a la estabilidad de la economía mundial en su conjunto.