Se destacan situaciones como colegas que no comparten alimentos, quejas constantes o jefes percibidos como generadores de conflicto. A pesar de esto, muchos prefieren ignorar los rumores y concentrarse en su trabajo para mantener un ambiente más armonioso.
Pitu salió a las calles para recoger opiniones y constató que, fuera de la oficina, la gente también percibe estas dinámicas: pequeñas rivalidades y comentarios malintencionados aparecen, pero muchos coinciden en que forman parte del día a día laboral y no necesariamente de maldad real.