06 feb. 2026

La importancia del consumo de agua durante el verano

Incorporar agua en la rutina diaria, junto con alimentos ricos en agua, es una manera eficaz de garantizar el bienestar en los meses más calurosos del año.

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El verano es una temporada que trae consigo días calurosos, actividades al aire libre y mayor exposición al sol. Durante esta época del año, el cuerpo humano experimenta una mayor pérdida de agua a través del sudor para regular su temperatura, lo que hace que el consumo adecuado de agua sea más crucial que nunca. Mantenerse hidratado no solo es esencial para el bienestar físico, sino también para evitar problemas de salud que pueden surgir en ambientes calurosos.

El agua es el componente principal de nuestro cuerpo, representando entre el 50% y el 70% del peso corporal en adultos. Está involucrada en casi todas las funciones del organismo, desde la digestión y la eliminación de desechos, hasta el transporte de nutrientes y la regulación de la temperatura corporal. En climas cálidos, como los del verano, el cuerpo transpira más para enfriarse, lo que provoca una mayor pérdida de líquidos. Esta pérdida debe compensarse adecuadamente para prevenir la deshidratación, que puede tener consecuencias graves, como agotamiento por calor o incluso golpes de calor.

Señales de deshidratación
La deshidratación ocurre cuando el cuerpo pierde más líquidos de los que ingiere. Algunos síntomas comunes incluyen sequedad en la boca, fatiga, mareos, orina de color oscuro, piel seca y dolor de cabeza. En casos más graves, puede llevar a confusión, ritmo cardíaco acelerado y pérdida de la conciencia.

Es importante prestar atención a estas señales, especialmente en los días de mucho calor o cuando se realizan actividades físicas intensas al aire libre.

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La cantidad de agua que cada persona necesita varía según factores como la edad, el peso, el nivel de actividad física y las condiciones climáticas. Sin embargo, una recomendación general para los adultos es beber al menos 2 litros de agua al día, lo que equivale a unos 8 vasos. Durante el verano, esta cantidad puede aumentar si se practican deportes o si se está mucho tiempo bajo el sol.

Además de la cantidad, también es importante la frecuencia. No se debe esperar a tener sed para beber agua, ya que la sed es una señal tardía de deshidratación. Se recomienda beber agua de manera regular a lo largo del día, incluso cuando no se tiene sed, y llevar siempre una botella de agua al realizar actividades al aire libre.

Alternativas para mantenerse hidratado
El agua no es la única forma de hidratarse. También se puede consumir a través de alimentos con alto contenido de agua, como frutas y verduras. El melón, la sandía, las fresas, el pepino y la lechuga son ejemplos de alimentos que ayudan a mantener el cuerpo hidratado. Las bebidas como los jugos naturales y las infusiones sin azúcar también son opciones viables, aunque es importante evitar aquellas con alto contenido de azúcar o cafeína, ya que pueden tener un efecto deshidratante.

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